Reuniones y presentaciones Online: Apagar la cámara no es neutral

Hay un gesto que se ha extendido tanto en escuelas de negocios como en reuniones ejecutivas y que sigo sin comprender: presentar un proyecto o defender una propuesta con la cámara apagada.

Hablo de esos momentos en los que la presencia importa: una presentación final de un proyecto, un comité, una reunión con dirección, una propuesta comercial. Situaciones en las que quien lidera un proyecto debería mostrarse con la misma claridad con la que quiere que se entienda su idea. Y, aun así, seguimos viendo pantallas negras. Voces sin rostro. Discursos sin presencia.

Y además de poco profesional, me parece una falta de respeto.

Porque quien está al otro lado —escuchando, tomando notas, evaluando o dedicando tiempo de agenda— merece algo más que una voz despersonalizada. Merece atención, implicación y la mínima cortesía de mostrarse mientras se habla. La comunicación no es solo el mensaje, es también el gesto de demostrar que te importa quien te escucha. Por supuesto, también aplica a aquellos que escuchan y deberían mostrar su atención con la cámara conectada, porque la comunicación y el respeto funcionan de forma bidireccional.

Cuando no vemos a quien presenta, la comunicación pierde profundidad. Se diluyen los matices, los gestos, las señales de convicción. Pero también se diluye la relación. Cuesta conectar con alguien que no se muestra. Cuesta confiar en un proyecto defendido desde el anonimato visual. Y la confianza sigue siendo el factor que decide si una propuesta avanza o se queda en el cajón.

Ejemplo de una reunión online

Además, presentar sin mostrar el rostro deja un mensaje implícito: “mi comodidad pesa más que tu tiempo”. Aunque no sea la intención, eso es lo que se transmite. Y en entornos ejecutivos, la percepción importa tanto como el contenido.

Este hábito se ha normalizado porque es cómodo. Pero la comodidad no construye credibilidad. Si queremos elevar la calidad de las presentaciones, reforzar la autoridad de los equipos y tratar con respeto a quienes dedican su tiempo a escucharnos, hay un gesto sencillo que marca la diferencia: aparecer.

Mostrar la cara no garantiza el éxito, pero esconderla lo complica. Y en cualquier presentación que aspire a ser tomada en serio, la cámara encendida no es un detalle: es una señal de profesionalidad, de respeto y de liderazgo.

Javier de Miguel Luken

Scroll al inicio