Un gran trabajo en equipo

Hay experiencias que, por lo que enseñan, merecen ser contadas.

Ayer tuve la oportunidad de correr la Media Maratón de Málaga (21 K) junto a mis hijos, Álvaro y Nacho. Durante meses preparamos la carrera en la distancia —ellos desde Sevilla, yo desde Málaga—, pero perfectamente coordinados. Planificación, constancia, seguimiento del progreso y una motivación clara. Nos movía la ilusión, pero sobre todo un reto compartido. Todos estos valores aplican en la vida personal, y también en el mundo empresarial.

A medida que intercambiábamos avances, se reforzaba algo esencial: un objetivo común. Una meta definida que nos alineaba, padre e hijos, en el esfuerzo y en la disciplina diaria.

El día de la carrera fuimos juntos hasta el kilómetro 15, manteniendo un ritmo adaptado al mío —muy por debajo de su excelente nivel físico— y demostrando una compenetración real. A partir de ahí, el esfuerzo se hizo más exigente para mí. Ellos podían haber acelerado, pero decidieron quedarse. Bajaron el ritmo, animaron, tuvieron paciencia. Actuaron como un equipo de los que estoy absolutamente orgulloso.

Cuando las cosas se hacen bien, los resultados llegan. Cruzamos la meta los tres juntos, con un abrazo que resumía todo el camino recorrido. Objetivo cumplido.

Ha sido una experiencia excepcional. Siempre les he inculcado que el éxito es importante, pero que lo verdaderamente relevante es la categoría personal. Ser «buenas personas». De eso, ayer, dieron una lección.

Estoy convencido de que cuando asuman responsabilidades profesionales aplicarán estos mismos valores con sus equipos: compromiso, generosidad, respeto y sentido colectivo. Porque las personas son el motor de las empresas, y los valores impulsan a las personas.

Álvaro y Nacho seguirán siendo, ante todo, grandes personas y grandes profesionales.

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